jueves, 20 de septiembre de 2012

Palabras

El panadero se extrañó mucho esta mañana de verme tan callada, como absorta en mis cosas, debió pensar, que ni siquiera respondí a su siempre afable "buenos días".
 Lo mismo le pasó a la del kiosko cuando entré a por el periódico y por toda respuesta no recibió más que mi mirada, entre sorprendida y resignada. Y la madre de Pedro, que hizo ademán de saludarme por la calle mientras yo apresuraba el paso tratando de fingir no haberla visto...
Pero lo peor fue al encontrarme con la pareja del tercero en el ascensor... un silencio aterrador congeló aquel pequeño espacio durante tres interminables pisos tras la inocente pregunta de ella "¿y qué tal está tu madre?"...
Llegué a casa corriendo, desesperada ya. Esto no podía continuar así. Tiré las llaves y el bolso nada más cerrar la puerta, y volví a iniciar la búsqueda como ayer, revolviendo los mismos lugares, apartando las mismas cosas, levantando otra vez la casa en un frenético intento por recuperar lo perdido. Pero nada. No hubo manera.
Con una mezcla de impotencia e incredulidad, me dejé caer sobre la alfombra del salón, apoyando las manos sobre las rodillas y balanceando levemente el cuerpo hacia adelante y atrás, con la cabeza levantada y la mirada clavada en el techo, tratando de encontrar una solución, pensando, pensando.... Recordaba perfectamente la última vez que las había tenido, la última vez que habían estado ahí, y que, despreocupadamente, las había malgastado incluso. Fue ayer, a mediodía. Justo cuando tú me llamaste y me dijiste aquello. Fue justo en ese momento cuando yo me quedé sin palabras.


1 comentario:

  1. Me encanta.
    Fuera lo que fuera las palabras volverán, siempre lo hacen. Cuando, como ahora, vuelven de tu pluma son fantásticas.
    Ese estilo tan particular de contar las cosas...

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