viernes, 9 de septiembre de 2011

Amancer de invierno

La muerte llegó a llamarte y tú por primera vez en la vida obedeciste sumiso, de nada te sirvieron los perdones ni las miradas amenazantes. Caíste solo, con los ojos abiertos, salpicando de sangre el suelo pegajoso del bar.
Ella recuerda las noches en vela ahogando el llanto en la almohada, temerosa de un nuevo golpe. Nunca sabía si reír, callar, suplicar o llorar ¿Cómo adivinar lo que iba a complacerle en aquella borrachera? Mejor quedarse quieta y dejarse hacer.
A la mañana siguiente la sombra de ojos taparía otra sombra permanente, el carmín dibujaría la sonrisa perdida y un pañuelo vistoso y bien colocado ocultaría las huellas en el cuello.
La primera vez que ella cayó al suelo tras el golpe era incapaz de creer lo que estaba pasando, con el segundo destrozando la nariz y la ilusión ya comprendió cual sería su vida.
Ni siquiera el embarazo suavizó el carácter de aquella bestia, las miradas de desprecio hacia su vientre le congelaban la respiración.
Estaba sola cuando llegó la primera contracción y sola cuando parió tirada en el suelo del baño.
Sacó fuerzas de donde no las tenía, con precisión cortó el cordón con una cuchilla de afeitar y palmeó el culito de su hija hasta que el llanto inundó de alegría su corazón. Era como un claro amanecer en frío invierno de su vida.
No podía dejar que aquel ser inocente viviera en el infierno. Armada del valor ya perdido y un cuchillo en el bolso salió en su busca, sabía bien dónde encontrarlo, en compañía de putas, cocaína y el humo espeso de los cigarros mal apagados.
Sin mediar palabra le asestó un golpe certero, notando como el cuchillo penetraba en la carne adormecida por el alcohol, y después otro y otro hasta que se derrumbó en el suelo pegajoso.
Caminó con su hija en brazos y el cuchillo goteando la sangre del demonio que había atormentado sus días.
Amanecía. Era el amanecer más hermoso que recordaba.

1 comentario:

  1. Genial !. Yo también lo recuerdo y como entonces me ha puesto los pelos de punta. Hay que estar acostumbrada a vivir con el dolor y con el terror para llegar a ese punto como único medio de liberación.
    Yo también los hecho de menos ( los relatos). Qué tiempos !!!
    Besos guapiiima.

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