viernes, 9 de septiembre de 2011

En un instante

Mañana nos vemos. Tenemos una cita importante, no lo olvides.
¿Cómo podría olvidarlo? Tengo tantas ganas como tú de poner fin a estas despedidas. Tengo ganas de besarte y que te quedes a mi lado en la cama.
Mañana, que lejos queda mañana aunque solo nos separan unas horas del nuevo día.
Marcos y Susana se dieron un cálido beso en los labios, esa sería la última noche que cada uno se fuera a casas diferentes. Mañana se casarían. Mañana comenzaba una nueva vida plena de ilusiones y sueños por cumplir.
Ninguno de los dos pudo conciliar el sueño, ella se quedó hablando con su hermana hasta muy tarde, mirando a cada minuto el vestido de novia que colgaba de la lámpara para evitar que arrugara.
Él porque su madre no dejaba de contarle que no podría evitar las lágrimas al verlo a su lado en el altar, era su único hijo y la dejaría sola tras el enlace.
Las horas pasaban lentas hasta que el sol apareció entre las cortinas. Por fin había llegado el momento, Marcos se duchó como cada mañana y cambió sus vaqueros por un elegante traje de Hugo Boss de color azul, la camisa impecablemente planchada que su madre le había dejado en el galán, la corbata, los gemelos de oro y brillantes de la pedida, los zapatos aun sin sacar  de la caja, todo estaba listo, su madre lo miró emocionada vestida con sus mejores galas de madrina.
En casa de Susana no reinaba la tranquilad, su hermana la ayudaba con el velo, su madre atendía a los parientes que iban llegando, las amigas ataban globos  y lazos para llenar el coche mientras se celebraba la ceremonia.
El teléfono vibró en la cama de la novia
—¿Marcos? ¿No te habrás arrepentido verdad?
-No mi amor, ya estamos de camino a la iglesia solo te llamo para decirte que no me hagas esperar mucho.
-No seas tonto, ya casi estoy lista, no tendrás que esperarme ¿Me escuchas? Marcos, Marcos, no te entiendo nada.
Solo se escuchaban ruidos extraños, golpes, gritos y en un instante, nada, solo el silencio.
—Algo ha pasado, algo malo ha pasado, estaba hablando con Marcos y de repente lo perdí.
—No te preocupes mujer, será la cobertura,  ya sabes que cerca del pueblo se pierde y más dentro del coche. Tu preocúpate ahora de lo que te tienes que preocupar, de acabar de vestirte, papá ya se ha fumado una pipa paseando por el porche.
El coche policial llegó al mismo tiempo que Susana cogía a su padre del brazo, el corazón le dio un vuelco, en ese momento supo que algo había pasado.
—Señorita, sentimos mucho darle esta noticia, y más en este día, su novio ha tenido un accidente, iba hablando por teléfono cuando nosotros le dimos el alto, no nos vio y solo unos metros más adelante, en la curva, perdió el control y el coche salió disparado por las rocas. Ninguno de los dos ocupantes ha sobrevivido, lo sentimos mucho.
En un solo instante Susana pasó de ser una novia ilusionada a una desencajada calavera con el rimmel corriendo por las mejillas, el ramo de orquídeas y rosas se deslizó de sus manos al tiempo que ella perdía el equilibrio.
En un solo instante cambió la seda blanca de su vestido por la negrura de su corazón. En un solo instante el móvil se llevó su vida.

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