Allí estaban juntos como cada tarde al finalizar sus labores, haciendo planes, alimentando con sueños las miserias, como cada tarde.
—Yo nunca he visto el mar, no puedo ni imaginarlo.
—Yo tampoco, mi primo cuenta en sus cartas que es muy oscuro y frío. Si todo sale bien pronto estaremos frente a él, será un viaje largo hasta llegar a su orilla, no podemos dejarnos vencer.
Cuando emprendieron el camino la noche estaba disfrazada con nubes negras que dibujaban sombras hasta perderse en el horizonte, solo los nervios les mantenía el paso hasta que días más tarde el miedo a lo desconocido les quebró la voz al contemplar aquella maltrecha barca y a sus treinta compañeros de viaje. Todos sus sueños se desvanecieron, sin embargo allí estaban, no podían regresar.
En nuestro calendario agosto toca a su fin, sobre la arena oscura se dibuja un mosaico de colores pintado por infinidad de toallas, sombrillas y capazos, es el descanso de todo un año de trabajo.
Cada día la misma rutina, los bares van cerrando, unos a dormir las copas y otros a contemplar el amanecer isleño con sus chispazos dorados reflejados en el agua tranquila, sin embargo hoy es distinto, la luz del sol está matizada de azules y naranjas acompañados por el silbido de las sirenas.
A lo lejos un punto negro se acerca hacia la playa a cámara lenta, a medida que la distancia se acorta la adrenalina crece, los más osados se lanzan al agua desobedeciendo a los agentes en un intento por ayudar a los que están flotando, algunos llegan agotados, unos pocos no llegan.
Las camisetas y el calor humano hacen de improvisadas mantas, las palabras que no se entienden se suplen con miradas de aliento, todo vale en la desesperación.
Khady es una mujer joven, quizá una adolescente que grita dentro de la patera, tiene convulsiones y no puede salir, cuando nos acercamos vemos su vientre abultado y el agua del fondo ensangrentada, no hay duda, está de parto, va a parir allí mismo.
El niño sale con fuerza, aferrándose a la vida encima del pecho de su madre que llora de alegría y también de impotencia, su viaje no ha tenido el fin deseado, los sueños de una vida mejor se quedaron en la cartera de alguien sin escrúpulos que les prometió un paraíso fantasma.
Amanece.
Al paseo van llegando sus compatriotas con las mantas y los discos, los hilos de colores para las trenzas y los abanicos para espantar realidades, ellos tuvieron más suerte.
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